La presencia de antibióticos en el medio ambiente ya no es una hipótesis, sino una realidad preocupante. Los medicamentos que consumimos, los usos veterinarios, los vertidos al agua o incluso ciertas prácticas cotidianas pueden favorecer su dispersión en los suelos, los ríos y los ecosistemas. Esta contaminación, a menudo invisible, contribuye al desarrollo de bacterias resistentes y representa un desafío importante para la salud humana, animal y ambiental. Nuestras decisiones, nuestros hábitos y nuestro nivel de información pueden marcar la diferencia. ¿Eres consciente de ello?

